LA SEQUÍA, LAS POLÍTICAS DE AGROCOMBUSTIBLES, Y LA ESPECULACIÓN DE LOS MERCADOS DESPIERTAN AL FANTASMA DE LA CRISIS ALIMENTARIA


El índice de precios de alimentos publicado recientemente por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura (FAO), revela que éstos han subido un 6% hasta julio de 2012 (en los últimos diez años el incremento total ha sido del 117%), lo que tendrá graves consecuencias, sobretodo en los países en desarrollo que dependen de la importación de trigo, maíz o soja para alimentar a sus poblaciones.

La grave sequía que afecta a un gran número de países es una de las principales causas del aumento del precio de alimentos. EEUU, principal productor y exportador mundial de maíz, está siendo uno de los países más afectados por las condiciones climáticas, al sufrir la peor sequía de los últimos 60 años que ha arruinado gran parte de las cosechas. La interrupción de la producción de alimentos debido a las condiciones climáticas adversas en EE.UU está contribuyendo al incremento en los precios mundiales de los alimentos.

En el caso de Sri Lanka, donde Infancia trabaja desde el año 2004, el retraso de las lluvias del monzón está afectando gravemente a la producción de arroz y hortalizas, y miles de familias campesinas de la región Norte-Central, y de las provincias del Noroeste y Este del país están en riesgo de perder su medio de vida si la sequía se prolonga durante una semana más.

En el Sahel, la producción de cereal ha disminuido en un 26% con respecto al año anterior, y los precios han aumentado entre un 30-60%. Teniendo en cuenta que esta región se encuentra en una crisis alimentaria constante, y que la gran mayoría de la población compra en el mercado y emplea un 80% de la economía familiar en la adquisición de alimentos básicos, cualquier aumento de precio tiene unas consecuencias terribles.

Otra de las causas que afecta gravemente a la subida de precios son las políticas de utilización de agrocombustibles. Los cultivos destinados a la producción de estos hidrocarburos, mal conocidos también como biocombustibles, remplaza millones de hectáreas destinadas a la producción de alimentos básicos, y afecta directamente a las comunidades rurales que trabajan en ellas al utilizar un modelo latifundista basado en el monocultivo que termina por originar el desplazamiento de miles de campesinos y sus familias, que al no gozar de títulos de propiedad sobre sus tierras (ya que no les han sido reconocidas por el Estado aún cuando las ocupaban desde hace décadas o incluso siglos), se han visto obligadas a abandonarlas.

El año pasado se consumieron el 40% de las reservas de maíz en EEUU para la producción de agrocombustibles, mientras que la previsión del año que viene es todavía mayor. En Argentina o Brasil la introducción masiva del cultivo de soja ha afectado a la producción ganadera y a la selva amazónica (con el efecto paradójico de obtener un efecto pernicioso sobre el medio ambiente). Este tipo de políticas amenazan al derecho de Soberanía Alimentaria ya que destruyen cultivos destinados al sustento de la población, por ello, recientemente la FAO ha pedido al gigante americano que suspenda su producción de bioetanol a partir de maíz, lo que evitaría la crisis alimentaria que se está incubando en el mundo.

La especulación también juega un importante papel en esta crisis. Los mercados de futuro de materias primas constituyen, en origen, un mecanismo para proteger de las subidas (al comercializador) y caídas de precios (al agricultor), comprometiéndose ambas partes a comprar o vender en el futuro un determinado bien, en este caso productos agrícolas, definiendo en el presente la cantidad, el precio, y la fecha de vencimiento de la operación. Sin embargo se han convertido en un refugio para grandes Fondos de Inversión especulativa que encontraron en los alimentos básicos una oportunidad de negocio tras la crisis desatada con las hipotecas subprime. Según un artículo del rotativo alemán Der Spiegel, Goldman Sachs ganó más de 5.000 millones de euros en 2009 especulando con materias primas. Esta entrada masiva de capital en el mercado de futuros de productos básicos ha disparado el precio de algunos alimentos sin que refleje la realidad de la oferta y la demanda. No en vano, según la FAO o el Banco Mundial tan sólo entre el 2% y el 0,5% de los contratos de futuro se acaban ejecutando ya que en realidad nadie quiere comprar estos alimentos y sólo se especula. Según datos publicados por el Banco Mundial, los precios futuros del maíz se han incrementado en un 45%, el de la soja en un 30%, y el del trigo en un 50%. Esto afecta de una manera dramática a los países en desarrollo, en especial a los países africanos.

En palabras de Jean Ziegler, Vicepresidente del Consejo Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, “es un despropósito que el precio de los alimentos sea fijado por la Bolsa” y los efectos de estas subidas artificiales de los precios de los alimentos son “un crimen contra la humanidad”.

Asimismo, el mercado internacional es muy vulnerable ya que el 80% de las exportaciones de cereales provienen de sólo cinco países que lo controlan prácticamente todo, lo que hace que los mercados internacionales sean muy frágiles. Esta fragilidad se traslada a los mercados locales. En el caso de Níger, donde actualmente 6,5 millones de personas sufren inseguridad alimentaria, hay pocos intermediarios y estos controlan los precios en los mercados, por lo que los efectos de una subida de precios de los alimentos básicos son devastadores. Infancia sin Fronteras comenzó a trabajar en Níger en el año 2005 a raíz de una hambruna generalizada, y ha desarrollado diversos proyectos de seguridad alimentaria, entre otros, los bancos de cereales creados en diferentes comunidades rurales, que ayudan a minimizar los efectos del aumento de precios de algunos alimentos básicos, como el mijo.

Para paliar esta situación generalizada, es de vital importancia que las grandes potencias desarrollen políticas que impidan la volatilidad de los precios de alimentos y la especulación, y que se invierta en agricultura productiva que proteja a los campesinos y pequeños agricultores, que son los más afectados por estos cambios en el mercado. De esta manera, estaremos más cerca de poder alcanzar una seguridad alimentaria sostenible, a largo plazo y a nivel mundial.

Asimismo, la sociedad civil también puede aportar su granito de arena. Actualmente, los proyectos de Seguridad Alimentaria que Infancia sin Fronteras ejecuta en diferentes países del mundo, también se están viendo afectados por la subida de precios, ya que éstas subidas hacen que los costes sean más altos. Si a esto sumamos la crisis económica mundial, y los recortes de ayuda en cooperación por parte de los gobiernos, el trabajo de organizaciones como la nuestra se convierte en un auténtico reto.

¡El mundo te necesita más que nunca! Si quieres colaborar con los proyectos que desarrollamos en Infancia sin Fronteras, puedes hacerlo a través del Club Somosolidarios, con una aportación desde 5€ al mes.


Para unirte al Club Somosolidarios o recibir más información:
902 333 503
admon@infanciasinfronteras.org




INFANCIA SIN FRONTERAS

Av. Leopoldo Calvo - Sotelo Bustelo, 6 LOCAL
28224 Pozuelo de Alarcón (Madrid)

902 333 503