EN NICARAGUA DAN LA BIENVENIDA AL NUEVO CURSO ESCOLAR 2012


Desde el pasado 13 de febrero risas, carreras y mochilas han vuelto a recorrer los pasillos y llenar las aulas de los centros escolares de Infancia sin Fronteras en Nicaragua. Estos niños/as afrontan el curso cargados de ilusión, y sonríen cada mañana al despertarse sabiendo que pueden asistir al colegio, algo que para nosotros es un derecho, pero que en numerosos Países del Sur, sólo unos pocos pueden disfrutar.

En Infancia sin Fronteras apostamos por la educación, ya que constituye un pilar fundamental para el desarrollo, y por ello, a lo largo de los años, hemos creado una red de Centros de Desarrollo Integral, donde los niños y niñas se benefician de diversos servicios gratuitos de educación.

Nicaragua es el país de América Central que menos invierte en educación, alcanzando apenas el 5% del PIB, y uno de los más pobres, con casi la mitad de la población viviendo con menos de 1,25 dólares al día. La educación es gratuita y universal pero no obligatoria; y aunque existen escuelas subsidiadas por el Estado y escuelas privadas, la realidad es que no hay suficientes centros públicos ni plazas de educadores. Según un informe del IEEPP (Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas), en 2010 alrededor del 44% de los niños/as en edad de educación preescolar estaban fuera de las aulas; además, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Nicaragua está lejos de alcanzar el cumplimiento del segundo Objetivo de Desarrollo del Milenio, el cual hace referencia a "Lograr la enseñanza primaria universal": la tasa neta de matrícula en la enseñanza primaria está estancada desde hace unos años, y supone el 87.2%, mientras que el porcentaje de alumnos que finalizan la educación primaria solamente alcanza el 39.8%, es decir, apenas 4 de cada 10 niños terminan lo que era nuestra antigua EGB. Esta baja tasa de conclusión de los estudios se debe a que la deserción escolar es muy alta y, en muchos casos, el motivo es la falta de recursos de las familias, así como las barreras sociales y culturales. Mientras que las niñas con frecuencia tienen dificultades escolares a raíz de las responsabilidades familiares que deben asumir, los niños en su mayoría se retrasan en sus estudios, o abandonan la escuela, para incorporarse al trabajo remunerado y ayudar a la economía familiar.

Todos estos factores crean un círculo vicioso cuyo elemento principal es la relación existente entre pobreza y bajo nivel educativo. Cuanto menor sea la educación, las dificultades a la hora de encontrar un trabajo bien remunerado serán mayores, lo que se traduce en sueldos bajos y la imposibilidad de proporcionar a sus hijos una educación completa. Además, cuando los padres carecen de un alto nivel educativo, son menos sensibles a la importancia de que sus hijos asistan al colegio, por lo que este círculo se retroalimente a sí mismo.

Garantizar la educación de la infancia supone un paso decisivo para limitar la pobreza, y es uno de los factores que determinará su futuro y calidad de vida. Por ello, desde Infancia sin Fronteras nos esforzamos para poder mejorar la educación de los niños y niñas de las comunidades en las que trabajamos. Además, desarrollamos diversos proyectos de Formación Profesional, como el Taller de Costura para mujeres, o la Escuela de Hostelería y Turismo de Masachapa, con un doble propósito, ofrecer una esperanza de acceso a puestos laborales mejor cualificados a la gente joven, y por otro lado, llegar a ciertos sectores de población adulta que, debido a tener familias a su cargo y un bajo nivel de formación, deben acceder al mercado laboral de manera inmediata.

Actualmente cerca de 3.200 niños y niñas están escolarizados en centros gestionados directamente por Infancia sin Fronteras gracias al apoyo de nuestros socios y padrinos, lo que nos permite construir un futuro mejor para todos ellos.




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